miércoles, 14 de abril de 2010

El mayor meteorito caído en España

En la madrugada del 24 de diciembre de 1858 "las personas que estaban en las calles, en los caminos y en los campos vieron aparecer un magnífico globo de fuego de una brillantez extraordinaria y deslumbradora que, ostentando los colores del arco iris, oscureció la luz de la luna y descendió majestuosamente desde las regiones aéreas". Este es parte del relato de Rafael Martínez Fortún, vecino del municipio murciano de Molina de Segura, en cuyas tierras impactó aquella Nochebuena el mayor meteorito jamás caído en España, según recoge la plataforma de noticias científicas SINC. Cinco años después, la reina Isabel II aceptó donar el bólido al Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid, donde se exhibe desde entonces.

l relato de Martínez Fortún aparece en un reciente estudio publicado en la revista Astronomy and Geophysics por los científicos Jesús Martínez Frías, geólogo del Centro de Astrobiología, y Rosario Lunar, catedrática de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad Complutense de Madrid. Martínez Frías ha explicado a SINC que el meteorito de Molina de Segura pesaba unos 144 kilos, pero al caer se dividió en varios fragmentos y el más grande es el de 112,5 kilos que se conserva en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Además de detallar las características mineralógicas y geoquímicas del meteorito, el estudio se basa sobre todo en el informe de Rafael Martínez Fortún, que se preocupó de registrar legalmente el "testimonio literal de la información ad perpétuam a objeto de acreditar los fenómenos físicos que se observaron al descender un aerolito en la madrugada del día 24 de diciembre de 1858". Este y otros documentos han salido a la luz gracias a la labor de los expertos del archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

"Parecía que descendía a la Tierra una de las estrellas del cielo"

En el informe uno de los testigos declara que, a los "tres cuartos para las tres de la mañana", observó que repentinamente se iluminó el cielo por "un gran lucero de un resplandor que eclipsaba la luna y que caminaba del Mediodía al Norte". Otro comenta que vio descender "un globo de fuego brillantísimo y de hermosos colores, que no parecía sino que descendía a la Tierra una de las estrellas del cielo". "Pasó por encima de esta ciudad a tan poca distancia de la torre de la catedral, que creyeron que iba a tocar en la linterna de dicha torre, pero no sucedió así, sino que recorrió unas tres leguas más, salvando esta ciudad y su término", figura en el documento.

El impacto sobre el terreno produjo tal sacudida que levantó de la cama a los vecinos de Molina de Segura. "Despertaron muchas personas de las que se hallaban durmiendo, y todas, excepto las que observaron el fenómeno al aire libre, creyeron que era una de esas tormentas tan frecuentes en esta localidad, llenándoles de terror", continúa el relato. Varios de los testigos del suceso coinciden en señalar que se oyó un gran ruido "como el de un cañonazo", acompañado de un temblor de tierra "parecido al que ocasiona un terremoto".

Algunos curiosos se acercaron al lugar de la caída unos días después, "y quedaron todos confusos sin saber quién podría haber producido aquello". Removieron la tierra y no encontraron nada, así que "olvidaron completamente" lo acontecido. Posteriormente, "durante la siega de la cebada", a uno de los segadores le llamó la atención el hoyo formado por el meteorito "y escarbando con la hoz tocó un cuerpo duro y resistente, lo que comunicó a sus compañeros", cuya curiosidad les animó a cavar el terreno.

"Encontraron una piedra de figura cuadrangular, color negruzco y de un peso extraordinario comparado con su volumen, pues tenía diez arrobas y quince libras, lo cual, unido a que no se parecía a piedra alguna de las que ellos habían visto hasta entonces en aquellos alrededores ni en otra parte, les llamó sobremanera la atención, quitándole uno de ellos un pedazo con un golpe que le dio con una maza de hierro", detalla el informe.

Rafael Martínez Fortún decidió remitir el aerolito a uno de los museos del Reino, "para que estando a disposición de los hombres de ciencia, lo estudien con la atención debida", recibiendo en 1893 la autorización de Isabel II para su conservación y exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Con el paso de los años algunas piezas pequeñas del bólido se repartieron también por diferentes colecciones e instituciones del mundo, como el Museo de Historia Natural de Reino Unido, el Museo Field de Chicago (EE UU) o la colección de meteoritos del Vaticano.

Fuente: elpais.com - molinadesegura.es


viernes, 22 de enero de 2010

Lucas Guardiola Rodríguez


Lucas Guardiola Rodríguez nace en Molina de Segura el 24 de julio de 1959, en el seno de una familia numerosa. Estudió E.G.B. en el municipio y más tarde cursó estudios en Sanje, de Alcantarilla, donde, en plena adolescencia, se interesó por el mundo del teatro, de la mano de Manuel Muñoz Hidalgo, participando en giras con la representación de El médico a palos y El enfermo imaginario, de Molière.

Desde muy joven entra en contacto con el mundo cultural molinense, participando en actividades de ámbito literario, teatral y cinematográfico, como es el caso del grupo teatral Pandora, con el que colaboró asiduamente. En 1979 se desplaza a Madrid, para estudiar Imagen y Sonido en la Universidad Complutense. Es un tiempo de vanguardias, de enorme dinamismo cultural, donde el joven Lucas Guardiola se empapa de corrientes artísticas y creativas, especialmente en el ámbito del cine, llegando a participar en 1981 en el rodaje de la película Rojos, de Warren Beatty y otras películas que se rodaron en Madrid.

Viajaba con frecuencia a Nueva York, y dominaba los idiomas francés e inglés, lo que le proporcionó numerosos contactos, siendo relaciones públicas de Tour Madrid y delegado para España e Iberoamérica de la revista Delegates.

El 10 de enero de 1992, con apenas 32 años, falleció a consecuencia de una enfermedad. La imagen de Lucas Guardiola Rodríguez está unida a la historia de la cultura molinense. Hombre adelantado a su tiempo, inteligente, trabajador, enormemente afable y generoso, así como familiar y cercano, proyectó su vida en entorno de la cultura.

Fuente: Ayuntamiento de Molina

lunes, 21 de diciembre de 2009

Orígenes del Fútbol Molinense

En 1923 apareció el Sport Club Molinense que tuvo en su momento gran relevancia y afición del pueblo molinense. Posteriormente, aparecería el equipo local de Los Luíses F.C. que se federó y disputó diferentes partidos entre 1925 y 1927. En 1929 aparecería el Club Deportivo Molinense Balompié, conocido como “El Balompié” que también participaría en torneos regionales.

Ya entrados en los años 30 surgirían el F.C. Molina, El Trueno, el Club Deportivo Ateniense (también conocido como Los Peleles), el Athletic Club o el Pelicano F.C.


Imagen: 1950 Juveniles del C.D. Molinense.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Árabes molinenses

La primera referencia escrita en documentos árabes donde aparece el nombre de Molina la relaciona con los omeyas, que entraron en territorio murciano y acamparon frente al Hişn Mulīna en 896. Se conocía como Mulinat as-Sikka, es decir, Molina de la Calzada ―posteriormente castellanizada como Molina la Seca―. Otra cita se sitúa dos siglos después (1096) cuando el Cid Campeador vino para reunirse con el rey Alfonso VI, e ir juntos a la defensa de Aledo, pero no se vieron por partir el rey antes de su llegada.

El reyezuelo almohade Ibn Mardanis (en castellano Martínez, aunque los cristianos le llamasen el Rey Lobo) (1146-1172) mantuvo enfrentamientos con los almorávides, ocupó Albacete, Játiva, Denia, Jaén, Baza, Úbeda, Guadix, Carmona, Écija y Granada, amenazó Córdoba y llegó a poner cerco a Sevilla. Sostuvo buenas relaciones con los cristianos y logró largos periodos de paz que engrandecieron y enriquecieron su reino permitiéndole emitir moneda. Fortaleció Molina fortificando la muralla exterior y sangró el río Segura por la Algaida construyéndose un azud para regar sus tierras y del que partía la acequia Mayor suministrando agua al castillo, con lo que consiguió un aumento de población.

fuente: wikipedia

Los Romanos en Molina de Segura


No poseemos datos concretos sobre la fundación de Molina de Segura, aunque los restos de cerámica encontrados en su casco antiguo nos hablan de una primera presencia romana. La calzada romana de Cartagena a Complutum (Alcalá de Henares) pasaba por el municipio así como un actus que desde la costa alicantina conectaba a través del actual campo de Molina con Archena y el noroeste murciano.

  • Hay presencia de villas en el campo.
  • El origen del nombre es de procedencia latína. Los árabes no lo modifican mantienen la raíz latina y la denominan Mulina y Mulinat-as-Sikka (Molina de la calzada). Los cristianos le dan el nombre de Molina Seca proveniente de Sikka.

Lozano Santa nos habla en 1794 del castillo dándole una errónea filiación romana de la siguiente forma:

Molina no ha tenido reputación de antigüedades; la especie del Nubiense y la ocasión, me han hecho registrarla y, efectivamente, no en lo alto del Pueblo, sino en lo baxo, y bien inmediato al río, se ofrecen las grandes ruinas de su hermoso y formidable castillo. Su antigüedad dice muy claramente no ser obra de Árabes, ni de godos, sino anteriores a ellos. Dice, en fin, ser obra muy digna de Arquitectos Romanos. Para evidenciarla, basta registrar los dos grandes cimientos del Alcázar, que llaman iglesia vieja, los cuales se lebantan a la altura de una vara, y están paralelos. Su diámetro es considerable. Su argamasa tenacísima y la mezcla de grandes piedras con unión tan íntima, y tan fuerte, que no hay lugar a la duda. Parte de uno de estos lienzos de Muralla sirve de cimiento, y aún de pared a las habitaciones inmediatas. En circuito del Castillo, se conservan los muros y muralla, hasta la altura de más de 10 varas. Es tan considerable el diámetro que las piedras, desmoronadas por baxo, y sin duda a causa del esfuerzo humano, aparecen pequeñas cuevas capaces y habitables. La obra, en fin, apenas se distingue de la extraordinaria, que se admira en el castillo de Orihuela, y con razón se atribuye a los Scipiones.
En el interior del Castillo, se descubre otra muralla, de igual gusto y firmeza, que sin duda servía de cincumbalación al pueblo, la qual se ve hecha trozos en una de las calles antiguas, fuera ya del pueblo. Desde la ermita de la Consolación, buscando el camino de Murcia, en una Pendiente por donde el agua se despeña, tiene Molina fragmentos de Argamasa, los más preciosos. Aún sirve hoy como de un gran dique a las aguas mismas y este dique salva el camino.
No dudo sea mayor el número de antigüedades: ni dexen de hallarse monedas, ánforas, cascos de Sagunto y otras pruebas Romanas, quando sean buscadas, o apetecidas, de algún espíritu curioso.
Infiero, pues, ser Molina la ciudad de Mola, y aunque por relación del Nubiense no pueda contar más de 800 años, la arquitectura Romana que conserva, ofrece antigüedad de Romanos, ya pacíficamente establecidos en España. No decidiré, pues, conceder a este pueblo y castillo la de 100 años antes de Christo; o bien, desde César Augusto.

Fuente: wikipedia

Historia de Molina de Segura: Edad Contemporanea,

Fructífero siglo XIX

A principios del siglo XIX, rota la presencia del señor de la villa que lo dominaba todo, surge la del caciquismo, impuesto por la herencia de las posesiones desamortizadas de los jesuitas.

La familia Zabalburu dominó el gobierno de la población, y todo tipo de iniciativas, imponiendo alcaldes en elecciones más o menos fraudulentas.

Hubo un crecimiento poblacional importante y un aumento de la riqueza, especialmente propiciado por el crecimiento de los riegos, producto de la puesta en funcionamiento de los pantanos de Talave, Fuensanta, Cenajo y Camarillas

La economía giró en torno a los precios y ventas que se regían para los productos locales desde la Casa de la Compañía, almacén-vivienda del rico propietario, heredada de los jesuitas.

Según los datos suministrados por el Archivo Municipal de Molina, entre 1846 y hasta finales del siglo XIX, hay un predominio de la molinería, tanto de harina como de pimentón, pertenecientes casi siempre a grandes terratenientes como eran los casos de la familia Zabalburu y condes de Heredia-Spinola.

Es una economía todavía ruralizada. Habrá que esperar al siglo XX para asistir al nacimiento y desarrollo de la industria conservera en Molina.

La industria conservera: gran motor económico en el siglo XX.

Hasta mediados del siglo XX la economía molinense era típicamente agrícola, destacando productos como el melocotón, albaricoque, hortalizas (cebollas, tomates y pimientos), cereales, almendra, olivo y vid; y en ganadería, el ganado ovino.

En la primera mitad de esta centuria, nacen y se desarrollan las industrias conserveras vegetales en Molina de Segura, lo que provoca una profunda transformación de la economía, convirtiéndose en industrial; y una desruralización de la zona.

Será a partir de la década de los cuarenta cuando se produzca el auge más espectacular de la industria conservera, convirtiéndose Molina de Segura en uno de los centros conserveros de mayor importancia nacional e internacional.

Sin embargo, en la década de los noventa esta industria acusará una importante crisis económica, y algunas de sus industrias más importantes se ven obligadas a cerrar.

Esta ciudad no se hundió con la crisis. Salió a flote gracias al carácter emprendedor de sus gentes y a una fuerte reconversión industrial, que diversificó su sector secundario.

Molina de Segura hoy: una ciudad próspera y dinámica

Molina de Segura ha experimentado un gran crecimiento demográfico en la última centuria, pasando de los 8.000 habitantes con que contaba a principios del siglo XX, a los más de 50.000 actuales.

Esta ciudad se presenta en la actualidad como un espacio en expansión, moderno y dinámico, con un desarrollo comercial importante, que la han convertido en lugar obligado de compras para las localidades vecinas.

En la actualidad predomina en su economía el sector industrial, seguido del sector servicios y, por último, el agrícola.

Historia de Molina de Segura: Edad Moderna

 Escudo Marqués de Villafranca y los Vélez [Molina de Segura_Historia]
Escudo Marqués de Villafranca y los Vélez

El ascenso político de los Fajardo

La familia Fajardo continuó incrementando su influencia durante largo tiempo, ascendiendo en la escala política y ostentando los títulos de adelantados y Marqueses de los Vélez.

En el año 1535 el emperador Carlos V concedía al heredero, Luis Fajardo de la Cueva, el marquesado de Molina, llegando a ser la villa cabeza de marquesado. La familia emparentó con las casas nobiliarias más importantes de España, como son los Villafranca, Alba, Fernandina y Medina Sidonia, estando sus títulos actualmente en la de Medina Sidonia.

Como señores de Molina de Segura, trataron con estima y consideración a la villa, respetando los derechos de los vecinos.

La estructura social y administrativa funcionó invariable hasta la desamortización del siglo XIX.

Dura crisis en el siglo XVII

Los molinenses sufrieron las consecuencias económicas y demográficas propiciadas por la expulsión de los musulmanes y judíos, quedando su población reducida a un corto número de habitantes.

Por otro lado, su proximidad a la ciudad de Murcia, hizo que las mejores tierras de cultivo del municipio pasaran a manos de los habitantes capitalinos, a través de compras o, como consecuencia de la influencia religiosa, a través de mandas a las órdenes monásticas, conventos, clero, hospitales y colegios.

Destacó entre ellos la Compañía de Jesús, que llegó a poseer en Molina de Segura la mitad de la tierra cultivable. En el año 1767 los jesuitas son expulsados de España acusados de instigar el motín de Esquilache y de Nápoles, pasando sus tierras molinenses a manos de la familia Zabalburu, que las ha mantenido hasta la década de los setenta del siglo XX.

A mediados del siglo XVII, Molina de Segura sufrirá una de sus crisis más virulentas: en 1648, un terrible brote de peste asola la villa y, tres años después, la desastrosa riada de San Calixto termina con huertos y cosechas, desencadenándose una crisis económica y demográfica que dejó al municipio con una treintena de vecinos.

Expansión económica y demográfica en el siglo XVIII

El siglo XVIII se caracterizó por una sensación de continuidad y conformismo, talante conservador económico y religioso, un enfrentamiento dinástico, que desencadenaría la Guerra de Sucesión (1700-1713), en la que Molina de Segura, seguidora del obispo Belluga, toma partido por Felipe de Anjou; y el nacimiento de unos modos de vida, ocasionados por los usos y costumbres de la nueva familia real.

A consecuencia de la riada de San Calixto el sistema de riego fue recompuesto por el ingeniero Melchor de Luzón, permitiendo la expansión agrícola y de la población, que alcanza sus cotas más altas en el siglo XVIII.

A partir de este momento, el crecimiento económico y demográfico se muestra constante, apoyado en la modernización de los cultivos de la huerta y en el cultivo de la morera, cuya importancia quedaba reflejada en el esplendor de la seda.

Otro de los rasgos que refleja el entusiasmo causado en Molina por una economía en auge, fueron las mejoras realizadas en la ciudad, como fue la creación de un templo nuevo, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (1765), con su retablo, imágenes, sacristía y una custodia, obra del orfebre napolitano Zayadatti.